En cuanto se cerraron las puertas del elevador, Regina se volteó hacia Sebastián.
—Leo tiene razón, no puedes seguir dándoles dinero.
—Si no les pago, van a publicar lo nuestro.
Aquellas palabras conmovieron a Regina. Sebastián sacó su celular e hizo una llamada. Cuando contestaron, se escuchó la voz de Laura.
—Sebastián…
—Quieren dos millones de dólares. Dáselos, pero asegúrate de que destruyan todo lo que tienen.
—¿Y si lo hacemos público?
Sebastián se quedó paralizado. Se volteó para verla, c