Regina escuchó sus palabras y, al pensar en Ernesto y Adrián, uno un payaso y el otro un burlón, supo que eran incapaces de estarse quietos. No pudo evitar reírse.
Sebastián la observó reír y se relajó un poco. Se sentó a su lado.
Ella se sintió un poco tímida y, por instinto, se movió hacia un lado para aumentar la distancia entre ellos.
Él ladeó la cabeza para mirarla y notó, bajo la luz brillante, que la mitad de su cara estaba sonrojada. Incluso sus orejas tenían un tono carmesí que le parec