Sebastián no quería irse.
Preocupada de que se fuera a cualquier parte, a Regina no le quedó más remedio que llevarlo a su casa. De paso, le marcó a Leo para que viniera a recogerlo. Sabía que él no había desayunado y ya era casi hora de comer, así que improvisó una sopa sencilla para ambos.
Sebastián le dio un recorrido al lugar. Revisó cada rincón con atención, excepto el dormitorio, y al no encontrar rastro de que viviera un hombre ahí, no pudo evitar que una sonrisa se le dibujara en los lab