—Disculpe, es que tengo cosas que hacer…
—Ustedes dos van a una cita, ¿no es así? ¡Claro que sí, váyanse ya, que se diviertan mucho!
Regina intentó dar una explicación, pero Sebastián la tomó del brazo y la guio hacia el taxi. Juntos, se subieron y se marcharon.
Silvia se quedó observando cómo se alejaba el vehículo, y su sonrisa se fue desvaneciendo hasta convertirse en una mueca de desolación.
Su plan original era subir al edificio para dejarle algo de comer a su hijo. Pensaba llamarle después