Al poco rato, el celular de Regina empezó a sonar sin parar.
Todos eran mensajes.
Regina sabía quién le escribía. Tomó el celular y abrió la aplicación.
[¿Ya tienes novio?]
[¿Qué tiene él de bueno? ¿Por qué lo escogiste a él y no a mí?]
[Si te gustan las pulseras, yo también puedo regalarte una].
[Dime qué hice mal. Lo puedo cambiar. Por favor, termina con él].
[¿Por qué no me contestas? ¿Me odias?]
Al leer la última pregunta, Regina recordó la mirada clara y dulce de Sebastián, y se sintió culp