Giró la cabeza en la dirección del sonido y vio a unos niños que corrían detrás de una enorme botarga de Hello Kitty, que les estaba regalando globos. El traje era tan tosco y pesado que se movía con torpeza, tambaleándose a cada paso. Aunque el sol no pegaba con fuerza en ese momento, era claro que estar dentro de ese disfraz era un martirio.
Regina recordó que alguna vez había tenido un trabajo parecido por diez dólares al día. En comparación, su vida actual era mucho mejor. Jamás se habría im