Resultaba que ese grupo era el más adinerado de la ciudad, justo el tipo de clientes que buscaba.
A nadie le faltaba dinero.
Sobre todo, en el último año, Regina se la había pasado viajando, comiendo en los mejores lugares y divirtiéndose, y para todo eso se necesitaba dinero.
Con dinero, hasta a los hombres se les puede comprar.
Aunque no se casara nunca, mientras tuviera dinero, podría vivir feliz y a sus anchas.
Ignoró las miradas que la analizaban de pies a cabeza y, con una sonrisa radiante