Regina sonrió un poco.
—Usted es la clienta, y mi trabajo es atenderla…
—No me refiero a eso.
Victoria Salinas se quedó mirando la cara de Regina; era hermosa, con una piel que parecía de porcelana. Qué maravilla ser joven.
Agitó la copa de vino que sostenía, bebió un sorbo y, con un gesto de fastidio, la dejó a un lado.
—Porque, sin saberlo, me libraste de un problema.
Regina no entendía.
Una amplia sonrisa iluminó la cara de Victoria.
—Hace tiempo, mi familia quería arreglarme una cita con Gab