Al volver a su cuarto, Regina se dio una ducha y luego se quedó sentada en el sofá, con la mirada perdida. El silencio y la soledad de la habitación agudizaban su sensación de abandono.
La escena de la subasta se repetía en su mente sin cesar; al recordar las burlas, no pudo evitar sentirse ridícula.
Dobló las piernas, abrazó sus rodillas y escondió la cara entre los brazos.
Consciente de que la negatividad volvía a invadirla, supo que no podía seguir así; tenía que encontrar algo que hacer par