Al final, la realidad la golpeó con toda su fuerza. El recuerdo de la traición de Gabriel le oprimió el corazón de nuevo. No respondió. Apagó el celular y, después de un rato, se metió en la cama.
Pero no lograba conciliar el sueño.
Regina tenía miedo de cerrar los párpados; en cuanto lo hacía, las pesadillas regresaban. Soñaba con el niño cubierto de sangre y con su madre…
Era imposible no dormir.
Se despertó llorando una vez más, mucho antes del amanecer, y se quedó sentada en silencio en la o