—¿Te supo raro? Para nada, a mí me encantó.
Verónica comentó mientras tomaba otro trozo. Lo sopló un poco antes de llevárselo a la boca.
—¡Está riquísimo!
A Regina, el sabor a pescado le revolvió el estómago. Tomó su vaso de agua para enjuagarse la boca. Cuando la sensación cedió un poco, miró el pescado en la olla y se le quitó el apetito.
—A lo mejor te tocó un pedazo malo. Deja te escojo uno bueno, a ver qué tal.
Su amiga le sirvió un trozo de la parte más suave del pescado en su plato.
Bajó