La voz al otro lado de la línea se volvió grave.
—No te fui infiel con ella…
—Pero entre ella y yo, la elegiste a ella. La defendiste. Tú y tus amigos, todos se pusieron de su lado. Gabriel, ¡ayer me dio una cachetada y tú hiciste como si no hubieras visto nada! ¿En serio crees que lo nuestro todavía tiene remedio?
Regina no quería llorar frente a él, pero el recuerdo de lo sucedido el día anterior le partía el corazón.
—Lo siento. Ayer yo…
Lo interrumpió, con la emoción desbordada.
—¡No quiero