Al cuarto día de su visita, Gabriel recibió una llamada urgente del hospital. Un niño que había sido trasladado necesitaba cirugía, y esperaban que él la realizara.
Regina estaba comiendo con él en el restaurante cuando recibió la llamada. En cuanto colgó, ella tomó la decisión por él.
—¡Ve!
Gabriel guardó el celular en su bolsillo y la miró con reproche.
—¿No que te gusto? ¿Por qué no te da ni un poquito de tristeza que me vaya?
Ya estaba cansada de que tuviera la costumbre de recordarle a cada