Ana miraba a Regina con curiosidad que no podía disimular.
Regina se mordió el labio, fastidiada. Justo en ese momento, Laura se acercó a llamarla.
—Regina, ¿puedes venir un momento?
—Claro —respondió.
Dejó la comida que estaba por empezar en un banco cercano y se levantó para seguirla.
Laura la llevó a un lugar más apartado y, una vez allí, le dijo sin rodeos:
—Necesito que regreses a empacar tus cosas. Voy a pedirle a contabilidad que prepare tu finiquito y te depositaremos tu pago alrededor d