—¡No te vayas!
Regina acababa de dejar el termo con la comida sobre la mesa del comedor cuando, al darse la vuelta para irse, Sebastián aventó el celular y se levantó para alcanzarla.
Escuchó los pasos detrás de ella y, presintiendo lo que iba a pasar, se detuvo. Justo cuando iba a voltear, Sebastián la agarró del brazo y la jaló con brusquedad para que quedara frente a él.
Tenía los ojos desorbitados. Aferrándose a una última esperanza, le preguntó:
—¿En serio... ese hombre es tu esposo?
Regina