—¿Qué haces?
No era la primera vez que Regina se sentaba en sus piernas, pero llevaban tanto tiempo sin intimar que su repentino movimiento la tomó por sorpresa. Forcejeaba para levantarse, pero apenas había logrado incorporarse a medias cuando él la sujetó con firmeza de la cintura y la obligó a sentarse de nuevo.
—Vamos a ver algo juntos.
Ella giró la cara para mirarlo, molesta.
—¿No puedes comportarte?
Gabriel bajó la vista, con una sonrisa apenas perceptible.
—¿No me estoy portando bien?
Ell