El corazón de Regina latía como si fuera a salirse, pero ahogó la emoción casi al instante. Tenía la mente clara; sabía que él quería acostarse con ella.
Forcejeó, agachando la cabeza para intentar zafarse de sus brazos, pero era demasiado pequeña y no tenía la fuerza para competir con él. Solo pudo decir en voz baja:
—Suéltame.
Él, actuando como si no aceptara un no por respuesta, la abrazó con más fuerza, apretándola contra su pecho.
—No quiero.
Regina se mordió el labio.
—¡No puedes obligarm