Regina durmió hasta la mañana siguiente, pero al despertar se sentía agotada. La habitación era desconocida y el vacío en su pecho se hizo más profundo, hasta que al fin la obligó a levantarse.
Andrea acababa de servir los huevos con salchicha que había preparado. Al ver a Regina, le sonrió.
—En el baño hay cepillos de dientes y toallas nuevas. Ve a arreglarte y luego vienes a desayunar.
Murmuró un "sí", tomó su maleta, sacó un cambio de ropa limpia y se metió al baño para ducharse.
Sobre el lav