—Pero ya te arrepentiste, ¿no?
La mirada de Mónica era hostil, y sus facciones delicadas tenían una expresión indiferente y elegante.
Al verla, Regina sintió envidia. Mónica le soltó la mano y le dedicó una sonrisa maquiavélica.
—Sí, me arrepiento. Y regresé para recuperar lo que es mío. ¡Volví por Gabriel!
***
Después de que Mónica se fue, Regina se quedó de pie en el baño durante un buen rato, incapaz de calmarse. Sintió un nudo en la garganta y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas