Gabriel se quedó helado un instante. Sus labios se movieron apenas.
—¿Quién te dijo eso?
La respuesta era más que obvia.
Sus ojos oscuros se clavaron en los de ella mientras le explicaba con voz seria y clara:
—No fui a Estados Unidos para verla a ella. En serio, fui por trabajo. Solo salimos a comer, eso fue todo. Y tampoco la llevé a comprar el anillo. Vi que tenías muchas ganas de uno… pero no sabía tu medida, así que le pregunté a ella.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Regina.