Antes de ese día, la imagen que tenía de Sebastián Rivas era la de un hombre serio y reservado, pero con un talento inmenso, una percepción formada a través de lo que veía en la televisión y en internet.
Ahora, mientras él la llevaba a casa en su carro, descubría a una persona atenta, educada y amable. En realidad, era muy fácil de tratar.
Tenía a su ídolo justo a su lado.
Regina se preguntaba si debía pedirle un autógrafo. Siempre llevaba una libreta y una pluma en su bolso por si le llegaba la