Las otras maestras que la habían acompañado al hotel eran verdaderas fanáticas de Sebastián Rivas, en comparación, su entusiasmo se quedaba corto.
Bajo la mirada de su ídolo, se sintió avergonzada y arrepentida. Bajó la cabeza
Sebastián la observó, con la cara sonrojada, como una colegiala a la que acaban de regañar, y sonrió divertido.
No había cambiado en absoluto.
Cuando terminó de revisar todos los diseños, dijo:
—Están muy bien.
Regina, que estaba segura de que la iban a rechazar, levantó l