El martes por la tarde, llegó al restaurante a la hora acordada.
Mientras esperaba, repasó los nuevos bocetos que había dibujado en los últimos días y ensayó en su mente lo que diría. Tenía que dar una buena impresión para asegurar la colaboración.
Alguien dio unos golpecitos en su mesa. Levantó la vista y vio a un hombre alto y delgado, tenía un aura distinta, llevaba una gorra y un cubrebocas. Cuando sus miradas se cruzaron, el corazón le latió con una fuerza desbocada y abrió los ojos de par