—¿Ah, sí?
Regina asintió con un leve murmullo y, sin dejar de mirar por la ventanilla, se sumió en el silencio.
Gabriel la observó fijamente por un instante y no apartó la vista hasta que el semáforo cambió a verde.
***
Al llegar al edificio, estacionó el carro en uno de los cajones de abajo.
Ella se quitó el cinturón de seguridad y bajó. Gabriel la imitó.
—No hace falta que me acompañes, ve a trabajar.
—Te acompaño.
Ante su insistencia, ella cedió y asintió en silencio.
Entró al edificio con Ga