Cuando Gabriel terminó de hacer la maleta, la cerró y la puso de pie. El silencio en la habitación le pareció excesivo y, creyendo que Regina se había dormido, se dio la vuelta para mirarla, pero se encontró con sus ojos abiertos.
Estaba a punto de salir, pero se detuvo un instante. Soltó el asa de la maleta, se acercó a la cama y se sentó para darle un beso en la frente.
—Vuelvo pronto.
Justo cuando él iba a levantarse, Regina le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hacia ella.
—No quiero