Las dos familias siempre se habían llevado bien, así que unirlas por matrimonio solo las acercó más y les dio un sinfín de temas de conversación. La cena se prolongó hasta casi las diez de la noche, momento en que ambos matrimonios decidieron que era hora de irse.
Gabriel había tomado un poco y no podía manejar. Silvia se ofreció a que el chofer los llevara, pero su hijo se negó.
—Le pedí a Alan que viniera por nosotros.
Alan era el asistente de su hijo.
Silvia asintió.
—¿Nos vamos yendo, entonc