Rato después, la niña fue llevada de nuevo a la sala neonatal y Manuel se acercó a verla a través del cristal. Alex se detuvo detrás de él y lo observó embelesado con aquella criatura. Luego se recostó contra su espalda y miró a la nena por un costado de él, quien con su estatura y corpulencia hacía ver a Alex muy pequeña, porque le alcanzaba apenas por debajo del hombro.
—¿Ya la tuviste en brazos? —preguntó ella con una sonrisa.
—Si…
—¿Y qué tal?
—Fue como tú dijiste, algo que no se puede defi