La mañana se levantó gris y pesada, como si el bosque mismo hubiese decidido cubrirse de un manto de silencio. La bruma se deslizaba entre los troncos, ocultando senderos y confundiendo los sentidos. Lyra se levantó con el corazón acelerado, todavía con esa sensación de peso en el pecho que ninguna noche parecía aliviar. Ragnar, como siempre, estuvo a su lado, aunque sus ojos de hierro ya estaban puestos en la reunión que se avecinaba.
En la gran sala, los esperaban Nolan, Danika y el Alfa Fark