Lyra estuvo ocupada los siguientes días, ser la Luna de la manada Norte no era tan fácil y debía cumplir con sus obligaciones, aunque también era la única forma de no perderse entre sus propios pensamientos.
Entre los entrenamientos, la organización de los refugiados y las reuniones con Ragnar, apenas tenía tiempo para respirar. Era su escudo contra la culpa, contra esa voz insistente que le recordaba a Sena, encerrada por sus propias acciones.
Aquella mañana caminaba entre los refugiados, veri