El viento del norte soplaba con fuerza, helando la piel y levantando nubes de nieve en polvo que pasaban alrededor del grupo. Lyra caminaba al frente, con el abrigo que los vampiros le habían conseguido, la mirada fija al frente, en el cielo que poco a poco empezaba a teñirse con los tonos plateados de las murallas de la manada Norte. A su lado, Ragnar marchaba en silencio, con los músculos tensos y el olor del bosque aún impregnado en su piel. Detrás, los seis vampiros se movían con la natural