El aire cambió de golpe.
Los árboles crujieron, el suelo tembló, y un rugido gutural atravesó la espesura del bosque.
Elijah levantó la mano en señal de alerta, pero antes de que pudiera dar la orden, los lobos salieron entre las sombras.
Eran tres, grandes, con los ojos brillando de furia.
No eran de Ragnar. Lyra lo supo de inmediato, ella conocía perfectamente a sus guerreros.
Sus pelajes variaban entre el gris oscuro y el marrón rojizo, sus marcas eran desconocidas, y sus colmillos, afil