Sigo haciendo caso omiso del teléfono, menos cuando Marcus llama para fijar una reunión para mañana. Finalmente estará en Dinamarca toda la semana, así que me reuniré con su asistente personal en el Gramur a las nueve de la mañana. Cuando dan las seis en punto, estoy satisfecha con la productiva jornada que he tenido y feliz de haberme puesto las pilas. Se me ha pasado el día volando.
Entro por la puerta casi a rastras y me encuentro la casa vacía. Estoy totalmente destrozada. Todavía