Arranca el coche y las vibraciones del motor empiezan a revolverme el estómago. Nick se ríe en voz baja.
—¿Nick?
—¿Qué, Addison?
—¿Cuántos años tienes? —Qué pregunta más tonta. Aunque dejara su empeño de ocultarme su edad, mañana no me acordaría.
Suspira.
—Veinticinco.
Estoy muy borracha y el traqueteo del coche está empezando a afectarme a pesar de tener los ojos cerrados.
—No me importa cuántos años tengas —farfullo.
—¿Ah, no?
—No. No me importa nada, te quiero igual.
Antes de pe