—Pues sí —responde casi con un chillido sin molestarse en eludir mi pregunta—. ¡Samanta!
—Vale, pues te dejo. Tengo cosas que contarte, pero pueden esperar.
—¡No, Addison!
—¿Qué?
—¡Espera! —me exige. Oigo más movimiento, y unas cuantas palmadas y después una puerta que se cierra—. Sólo quería saber cómo acabó lo de Dan. —Está susurrando, por razones obvias.
Eso me borra la sonrisa de la cara. No hace falta que le cuente a Lucas los detalles más escabrosos. Además, en estos instantes me avergüen