—¿Vas a seguir con él sabiendo que va a tener un hijo con otra mujer? —pregunta con tono burlón—. ¿Dónde está tu orgullo?
—Voy a aplastarla —le digo en voz baja pidiéndole permiso en esta ocasión.
Él sonríe y me besa en la mejilla.
—Adelante, nena. Pero, por favor, aplástala verbalmente. —Señala mi vientre con la vista y después le lanza a la perra descarada una mirada de compasión sin decir nada. Va a dejar que me encargue de ella.
—¿Qué están cuchicheando, si puede saberse? —inquiere Coral. S