—Sí —se ríe—. Lo he estado posponiendo. Quería disculparme.
—Ah —digo. Mi cerebro se niega a cooperar.
Parece que lo dice de corazón, pero si yo fuera hombre y Nick quisiera matarme, me arrastraría y pediría clemencia. No cabe duda de que eso es lo que ha hecho; de lo contrario, no estaríamos hablando. Puede que hayan pasado varias semanas, pero sé que mi hombre tenía la espinita clavada.
—También me gustaría pedirte disculpas a ti —empieza a tartamudear—. Lo... siii... sieeen...
Niego con la c