Suspiro. Sé que lo siente, pero ojalá pensara un poco antes de hacer las cosas. Le doy un pequeño apretón. Es mi forma de decirle sin palabras que lo perdono.
—No digas nada más.
Respira aliviado y me besa en el cuello.
—Cuanto más intento no herirte, más daño te hago. No tengo remedio.
—Calla.
—Me callo, pero de verdad que lo siento. —Me abraza con más fuerza—. Me muero de ganas por meterme en la cama contigo.
—Y yo. —De nuevo, todo el mundo se interpone en nuestro camino—. Mañana no