Detiene su marcha acelerada hacia Nick y me da un repaso que termina en mi cuello, donde su mirada se queda fija. Ha visto el collar, porque es difícil no verlo, pero no le fascinan su belleza o su brillo (¡qué va!), sino que está pensando en quién lo ha comprado y, a juzgar por la mueca que hace con su cara llena de bótox, ha dado en el clavo.
Instintivamente, tomo el diamante, como si lo estuviera protegiendo de sus ojos pequeños y brillantes. Me mira con envidia y entonces repara en mi