Pues no. De hecho, es bastante desagradable. Sé que, si estuviera buscando un diseñador de interiores y Erick apareciera en mi puerta, se la cerraría en las narices.
—¿Dónde está Victoria? —pregunto.
—Tenía una entrevista en una comicon. —Lanza su mariconera sobre su mesa, se quita las gafas y se las limpia con la corbata.
—¿Has averiguado qué salió mal? —insisto.
—¡No! —Se deja caer en su silla—. Se pasó el día triste y cabizbaja. —Se inclina hacia adelante y recorre la oficina con l