—Nada —contesto, y me aseguro de mantenerme en el extremo opuesto del coche. Podríamos pasarnos todo el día en este aparcamiento.
—Ven aquí. —Su voz tiene ese tono grave, ronco y familiar que amo. Ha vuelto otra parte de él, pero me estoy distrayendo. Niego con la cabeza.
—No.
Antes de que pueda anticipar su siguiente movimiento, arranca a correr alrededor del coche y yo salgo pitando en dirección contraria mientras dejo escapar un grito. La gente nos mira y yo corro entre los otros coches