Permanece con la cara ladeada, tal y como se la ha dejado mi mano iracunda. Luego la vuelve para mirarme, muy despacio.
—Ha sido divertido, ¿verdad?
Lo miro con desdén y niego con la cabeza. Es como si estuviera en una película sin sentido. Estas cosas no pasan en la vida real. A mí no me pasan. Clubs de sexo, locura desenfrenada y capullos alcohólicos. ¿Cómo he acabado en este circo?
—Estás hecho una puta mierda.
—Cuidado con esa boca —dice arrastrando las palabras.
—¡No me digas cómo t