Dasha petrov
—¿Te sientes mejor? —preguntó Alek mirándome fijamente.
Entrelacé los dedos de mis manos y comencé a jugar con ellos antes de asentir.
Luego de estar durante varios minutos o quizá horas en medio de la calle abrazados, el frío comenzó a hacer de las suyas por lo que nos vimos obligados a subir nuevamente al auto y continuar con nuestro pequeño viaje.
Desde que subimos al auto, cada tres segundos Alek me miraba o preguntaba cómo me encontraba, algo que muy en el fondo agradecía.