(Maratón final)
Alek Vólkov}
5 años después.
Me senté en la incómoda silla de juguete y evite a toda costa verle la cara a Dasha, pues sabía que se estaba burlando de mí y no quería darle a entender a mi hija que me sentía incómodo con aquel vestido de princesa.
Ellas obviamente se veían hermosísimas, parecían toda unas diosas, pero yo parecía un tuqueque todo pintado, con peluca y un vestido que le quedaba mejor a la loca de la esquina que a mí.
Tomé la pequeña taza de té que me ofreció mi