Con rapidez, toqué el hombro de Evan y como pude lo desperté. Obviamente él estaba tan sumido en su sueño que no se había dado cuenta que ya era de noche y debía irme a mi casa.
—Damien, levántate que ya es tarde y me tengo que ir.
Se acomodó en una posición más cómoda y tomó mi brazo más fuerte.
¡Joder!
Lo hacía porque no quería que me fuera. Así que reuniendo las pocas fuerzas que tenía, jalé mi mano y me levanté logrando que su espalda tocara el piso. Cómo era de esperarse, abrió los ojos