Lina levantó ligeramente las comisuras de los labios y miró con desdén a las personas que gemían en el suelo, sin mostrar ni un ápice de calidez en su tono.
—Puedo caminar por mi cuenta, no necesito que se molesten en tocarme.
El grupo quedó atónito. Según las órdenes de Fabio, debían atar a Lina para llevarla adentro, pero ahora... ¿Cómo podrían tener el coraje de actuar después de presenciar el poder de Leandro?
Se dieron cuenta de que era imposible llevar a cabo la orden en esa situación.