Juan sacudió ligeramente la cabeza, sintiendo que se estaba volviendo loco.
Luego dijo:
—Señorita Díaz, no importa cuáles sean tus motivos o lo que quieras hacer, solo tengo una solicitud: ¡no lastimes a Lina!
Sara estalló en carcajadas, su risa tenía un efecto penetrante, haciendo que la piel se erizara involuntariamente.
—Juan, ya es tarde para decir eso... a menos que...— Los ojos de Sara se clavaron en Juan mientras pronunciaba palabras sorprendentes, —a menos que el Señor Ramírez me to