Capítulo 397
Juan sacudió ligeramente la cabeza, sintiendo que se estaba volviendo loco.

Luego dijo:

—Señorita Díaz, no importa cuáles sean tus motivos o lo que quieras hacer, solo tengo una solicitud: ¡no lastimes a Lina!

Sara estalló en carcajadas, su risa tenía un efecto penetrante, haciendo que la piel se erizara involuntariamente.

—Juan, ya es tarde para decir eso... a menos que...— Los ojos de Sara se clavaron en Juan mientras pronunciaba palabras sorprendentes, —a menos que el Señor Ramírez me to
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