Capítulo 076.
El almacén abandonado olía a óxido, a humedad estancada y, ahora, al miedo rancio que transpiraba el comisionado Daniels. La silla en la que estaba atado seguía de lado tras su caída, obligándolo a mirar el suelo de concreto agrietado mientras el Oráculo permanecía de pie, como una deidad oscura y silenciosa.
— Parece que el peso de tu propia conciencia te ha tirado al suelo, Daniels — dijo el Oráculo. Su voz no era un grito, era una cadencia pacífica, casi musical, lo que la hacía diez veces