Mundo ficciónIniciar sesión—No sabes cuánto me alegra que hayas regresado, hijo. No me canso de decirlo. Incluso, quisiera armar una celebración en tu honor.
—¿Una celebración, papá? Serena no tiene ni una semana desaparecida, ¿Y tú piensas en hacer una celebración?
—Por supuesto Jack... Yo no la maté, tú no la mataste, ¿Cuál es el problema?—dijo el señor Patterson—. Además, se trata de la recolecta anual de los Patterson. Una obra de caridad que se ha hecho en nuestra familia durante generaciones. No podemos romper la tradición por qué se perdió una mujerzuela....
—Mujerzuela con la cuál tú también te revolcaste. No creas que se me ha olvidado.
—Está bien, hijo.... Está bien. Te pido disculpas por mi imprudencia, pero es precisamente por eso que lo digo, porque la conozco. Esa mujer era capaz de irse con cualquiera que pudiera ofrecerle un par de miles de dólares, ¿Cómo el detective Castillo puede estar seguro que no está en una de sus aventuras?, Quizás su supuesta muerte, no es más que una escapada más, con un nuevo amante.
—Mejor que no hablemos más de ese tema.
—¿Aún sigues amándola?
Jack Patterson miró a su padre con mucha rabia en sus ojos. Era bastante obvio que aún le dolía mucho las malas críticas en contra de Serena. A pesar de todo lo que había pasado, él la seguía amando con locura.
—Yo... Yo también sigo pensando en ella, hijo. Es el talento que tienen mujeres como Serena... Se hacen amar con locura para lograr su objetivo, y luego se marchan así como así.
—¿En dónde sería la celebración?
Jack solamente pensaba en cambiar ese tema.
—Tu madre y yo hemos pensando que ya es hora de que regreses a casa, Jack. La mansión es tu hogar, y quizás volver a ella te ayude a pensar un poco mejor las cosas.
—¿Todos los implicados en el caso estarían invitados?
—Bueno... Pues sí... Tu mamá sigue siendo muy buena amiga de Nathalie Oferman, y...
—Te estoy hablando de Albert, papá...
—Albert Lhara sigue siendo un buen amigo de la familia, Jack, y como te dije, aún nadie es culpable por la desaparición de Serena. Todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, pero si te hace sentir mejor, yo puedo sacarlo de las invitaciones.
—No. No hagas eso. Es una noche para la caridad, si ellos pueden ir, y aportar dinero para los niños más necesitados, yo no soy quién para impedirlo, es más, sería bueno para nuestra imagen, que invites también al detective Castillo, para que él entienda que no lo vemos como un enemigo.
—Me alegra mucho escuchar eso, hijo. Tú mamá estará muy feliz de saber que vuelves a casa después de todo lo que pasó.
En el ayuntamiento el detective Castillo seguía tratando de armar ese rompecabezas.
—Muy bien. Tenemos una mujer desaparecida, casi seguramente muerta. Tenemos a los sospechosos más importantes diciéndo la verdad delante del detector de mentiras, y para completar, aparece el cadáver de una chica muy parecida a la víctima original.
El detective Castillo armaba todo un esquema en una cartelera frente a su asistente más cercano, el agente Ramírez.
—Quizás quieren encubrir el crímen original.
—No lo sé, Ramírez. Mi intuición de detective me dice que aquí hay algo más, algo muy importante, y que no estamos viendo.
—Miren esto—dijo la agente Fabiola entrando con un archivo en sus manos—. Serena Blas tuvo un novio antes de volver por segunda vez con Jack Patterson. Un novio que nadie había recordado mencionar.
—La señorita Blas tuvo varias aventuras amorosas, ¿Qué hace a este novio tan especial?
—Detective Castillo, quizás le interesará más, cuando le diga que dicho novio trabajaba como jardinero para la familia Patterson en la mansión Patterson.
—Ahora si me interesa, ¿Cómo se llama?
—Rob Carpenter.
Rob Carpenter fue el jardinero de la familia Patterson durante veinte largos años, pero había renunciado misteriosamente una semana antes de que Serena desapareciera. Ahora vivía en una pequeña cabaña en la montaña. Un lugar bastante alejado de la ciudad, y aislado del mundo. El lugar perfecto para desaparecer a una persona.
El detective Castillo llegó hasta la cabaña de Rob Carpenter para hacer unas cuántas preguntas, y precisamente se encontró con él mientras cortaba leña con un hacha.
—¿Rob Carpenter?
—Detective Castillo, habían tardado mucho. Los estaba esperando.
—¿Sabía que vendría?
—Soy el novio jardinero de la desaparecida, y en muchas historias, el jardinero es el culpable.
—Eso, y el hecho de que renunció a su trabajo exactamente una semana antes de que Serena Blas desapareciera.
—Supongo que querrán revisar mi cabaña.
—¿Por qué tanta prisa?—preguntó el detective Castillo sonriente—. ¿Por qué mejor no me cuenta un poco de su relación con la víctima?
—Muy bien, empezaré diciéndo que yo no lo hice, que quede claro... Yo... Yo la amaba demasiado para eso.
—No tiene idea de cuántas veces he escuchado eso en estos últimos días.
—Ella me engañó, detective Castillo. Está hablando con una verdadera víctima en el juego perverso de Serena Blas. Me hizo creer que yo era realmente importante para ella, que era el amor de su vida, y...
—¿Y....?
—Y todo era una maldita mentira. Me hizo gastar hasta el último centavo en ella, incluso dinero que no tenía. De alguna manera logró convencerme para que me endeudara con mafiosos muy peligrosos, solamente para comprarle cosas muy costosas, ¿Y cómo me pagó?, ¿Quiere saber cómo me pagó, detective Castillo?
—Para eso estoy aquí, señor Carpenter. Literalmente vengo a escucharlo decir eso.
—Me pagó yéndose con el hijo del dueño de la mansión. Me costó algo de tiempo, pero finalmente entendí que todo su amor por mí, solamente fue actuación para acercarse a la mansión Patterson.
—¿Y por qué se fue de la mansión?
—Debía demasiado dinero a esos mafiosos por culpa de Serena. Me iban a matar si no pagaba, así que renuncié para pagar la deuda con mi liquidación... Ella me dejó en la ruina, y literalmente se fue riendo cuándo lo supo.
—¿Alguna idea de quién pudo haberle hecho eso a Serena, señor Carpenter?
—No tengo la menor idea, detective Castillo, pero solo puedo decir, que esté dónde esté, espero de corazón que haya pagado con mucho dolor, todo el daño que hizo.







