*—Dante:
Ahora, sin amantes y sin nadie que lo ayudara a liberarse, Dante estaba peligrosamente al borde.
A Ezra le quedaban pocos días trabajando para él, y Dante no tenía más remedio que aceptarlo, aunque odiara la idea. Odiaba imaginar a su perfecto asistente marchándose para trabajar con otro alfa que, en su opinión, era mediocre. Quizá, y esa idea le irritaba todavía más, el problema no era Joseph, sino que él estaba tan obsesionado con Ezra que era incapaz de ver que el otro alfa era, en