*—Ezra:
Al Dante inclinarse para besarlo, Ezra sintió su aliento cálido rozar sus labios… y en el último segundo, giró el rostro.
El beso no ocurrió. El deseo sí, este ardía en su pecho, en su vientre, en cada rincón de su cuerpo. Lo quería. Mierda, lo quería, pero no así. No tan fácil.
—No… espera —dijo Ezra, levantando la mano—. Aún no.
Dante se detuvo de inmediato. Bajó las manos y dio un paso atrás, aceptando la negativa sin reproches.
—Tengo que pensarlo —continuó Ezra, mordiéndose el labi